Impulsividad y alimentación mecánica: ¿Amigos para siempre?

La impulsividad es un rasgo de personalidad, multidimensional y complejo, que está relacionado con el control de la conducta y las emociones. Este rasgo se observa en diferentes alteraciones psicopatológicas, entre ellas, la conducta alimentaria.

¿Qué significa ser una persona impulsiva?

Una persona impulsiva se caracteriza por realizar acciones rápidas y no planificadas como reacción ante estímulos, externos o internos, a pesar de que esas acciones puedan tener consecuencias negativas, tanto para sí mismo como para los demás. Esto es, realizan acciones sin toma de conciencia y sin valorarlas. Además, las personas impulsivas prefieren gratificaciones inmediatas y escasas a gratificaciones demoradas y de más valor.

Podemos decir que existen tres subrasgos del rasgo impulsividad que se combinan entre sí:

  • No planificación: “vivir el momento”.
  • Impulsividad motora: “actuar sin pensar”.
  • Impulsividad atencional: “no me he dado cuenta”.

¿A qué se debe?

La impulsividad, como rasgo estable, se vincula a equilibrios entre dos neurotransmisores: la dopamina y la serotonina. Además está implicado otro neurotransmisor, el GABA.  En las personas impulsivas se observa, además, un déficit de procesamiento de la información.

Impulsividad y adicción a la comida.

La impulsividad es la antesala de muchas adicciones. En lo referente a la ingesta, la alimentación sin control, basada en grasas y carbohidratos, responde a: un deseo irrefrenable (craving), satisfacción en el acto de comer, falta de control aun sabiendo las consecuencias negativas para la salud y sentimientos de disforia que se calman con la comida.

La propia obesidad se convierte en una fuente de insatisfacción que se “intenta aliviar” con nueva ingestión de alimentos sin hambre, con lo que se forma un círculo vicioso difícil de romper.

Impulsividad y conciencia.

Impulsividad y conciencia parece que se relacionan de forma opuesta ya que la conciencia implica entendimiento y conocimiento, implica “darse cuenta” de algo.

En referencia a la comida, ¿cuántas veces comemos sin darnos cuenta de lo que comemos y de cómo lo hacemos? Pese a que son muchos los factores que, en ocasiones, nos llevan a realizar actos impulsivos (personalidad, situaciones con alta carga emocional, entorno…), parece que, frente a la impulsividad, sólo queda el camino de la conciencia.

La opción de PARAR, REFLEXIONAR, “DARSE CUENTA” es el sendero a seguir para frenar los actos impulsivos. Romper nuestra conducta realizada en “PILOTO AUTOMÁTICO” es la única opción para sustituir impulsividad por conciencia, para que impulsividad y la alimentación mecánica dejen de ser AMIGOS PARA SIEMPRE.

Julia Bonmatí Cartagena

(Psicóloga y Coach)

 

 

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