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La fuerza de voluntad se tiene o no se tiene. Cuando oigo esas tres palabras me pregunto: ¿por qué yo no la tengo?, ¿por qué no me ha sido concedida? Sería maravilloso que esa capacidad impregnara  todo mi ser porque de esa manera podría resistirme a la tentación de comer en exceso o de comer cosas “que engordan”. Pero no es así, lamentablemente.

Como me gusta hablar con cariño a mi mente, yo prefiero sustituir la “fuerza de voluntad” por AUTOCONTROL. Esta palabra implica que yo puedo elegir, que soy dueña de mis decisiones, que soy la protagonista y la responsable de mis actos. Pero, entonces: ¿por qué hago cosas que sé que no me benefician? ¿Qué extraños poderes actúan sobre mí para hacer lo que no quiero hacer?.

¿Sabes cuántas mentes tienes?

 

El quid de la cuestión está en que tenemos dos mentes: a) una mente consciente que se refiere a todo aquello que tiene que ver con nuestra fuerza de voluntad, con el autocontrol. Esta mente se rige por la corteza prefrontal; y b) una mente inconsciente, relacionada con todo lo emocional y somático. Esta mente está regida por las estructuras cerebrales que regulan la impulsividad.

Hay una parte de nosotros que actúa por impulsos y busca una recompensa inmediata y otra que controla esos impulsos y pospone la recompensa. Somos ambas cosas, pasamos de una mente a otra. Cuando estas dos partes nuestras entran en conflicto, retan a nuestra fuerza de voluntad, aunque, en ocasiones, cooperan para ayudarnos a tomar buenas decisiones.

 

¿Estás en piloto automático?

El autocontrol requiere, en primer lugar, ser consciente de lo que necesitas controlar. Con tantas distracciones, prisas y estímulos que rodean nuestra vida, resulta difícil ser conscientes de lo que hacemos en cada momento, de saber lo que estamos haciendo mientras lo hacemos. Los psicólogos sabemos que la mayoría de las decisiones las tomamos de forma inconsciente, de forma automática, sin ser conscientes de lo que las motivan ni reflexionar sobre sus consecuencias. ¿Cuántas decisiones tomas al cabo del día alrededor de la comida? ¿Te has parado a pensarlo? Con una mente tan ocupada en problemas, preocupaciones, lo que hice, lo que haré… son nuestros impulsos los que guían nuestras decisiones. ¿Comes mientras ves la televisión, discutes mientras comes, mandas o lees los Whatsapps mientras comes …?

¿Cómo vas a ser consciente de los que comes, bebes, compras o haces si tienes tu mente tan ocupada?

 

 

Ejercitando el autocontrol

El primer paso para aprender a tener más autocontrol es practicar la consciencia de ti mismo. Como ejercicio para la semana empieza a advertir cuándo estas tomando una decisión que tiene que ver con un reto a tu fuerza de voluntad. PARA Y REFLEXIONA. Cuando haces esto, se activan en tu cerebro y tu cuerpo una serie de cambios que te ayudan a resistir las tentaciones. Tu parte impulsiva no lo sabe, pero cada célula de tu cuerpo sabe lo que tiene que hacer, sólo tienes que pararte y escuchar. Intenta darte cuenta del proceso de ceder a tus impulsos siendo consciente de los pensamientos, los sentimientos y las situaciones que desencadenan tu impulso. Sólo date cuenta, de momento no te castigues poniendo freno a tus impulsos y, si es posible, anota esos pensamientos, sentimientos o situaciones que experimentas.

Tomas las riendas

Recuerda que cada reto a tu fuerza de voluntad es una batalla entre esas dos partes tuyas (la mente consciente y la inconsciente). La mejor manera de que tu mente consciente tome el mando es entrenar y desarrollar los sistemas de conciencia. El autocontrol es un músculo que hay que entrenar.

Julia Bonmatí Cartagena

Psicóloga y Coach