Este verano, ¿vas a dejar tu bikini colgado?

LLEGA EL VERANO

Faltan dos meses para que llegue el verano, van aumentando las temperaturas y empezamos a hacer cambios en el armario. Sacamos la ropa de verano y comprobamos con horror que no nos viene ni el abanico. Nos ponemos en marcha y abordamos el problema urgentemente: acudimos a las dietas de las revistas, de internet, de la amiga que perdió peso… y el lunes me pongo a ello, ¡¡¡SIN FALTA!!!. En el mejor de los casos, acudimos a un profesional de la nutrición para que nos ponga en vereda. En cualquier caso nos espera un periodo de sufrimiento y escasez si queremos lucir “tipo” en la playa o la piscina.

¿Te suena esta historia? Naturalmente que sí, es la misma de todos los años por estas fechas. Y la repetimos uno y otro año, sin cansarnos, sin plantearnos qué pasa, por qué tenemos que pasar por esta agonía cada año. Encima, este sufrimiento no merece la pena porque volvemos siempre a aumentar de peso y a volver con la misma cantinela. Y yo me planteo: somos seres inteligentes, entonces… ¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO? Parecemos idiotas. Si nos vieran seres extraterrestres no comprenderían nuestro comportamiento. Pero no, no creo que seamos idiotas. Lo que pasa es que hay todo un negocio bastante suculento alrededor del mundo de las dietas y soluciones milagrosas que si no se nutriera de nuestra estupidez, se iría a la mierda, y eso no “se puede permitir”. Además nuestro cerebro se alía con esta situación buscando recompensas inmediatas y engañándonos acerca de la realidad.

¡¡¡YA BASTA!!!

Eres lo suficientemente inteligente y, en el fondo, sabes que ese no es el camino. El problema del sobrepeso se resuelve de manera muy simple: COMER MENOS Y MOVERSE MÁS. Ahora parezco yo la estúpida: ¿qué me estás contando?, ¡si fuera tan fácil no tendríamos kilos de más!

Sí, tienes toda la razón; el problema es muy complicado de resolver. Y lo es porque a la hora de perder peso solo consideramos lo que comemos, sólo queremos resolver el problema a corto plazo, YA, en el momento, para ponernos el bikini o el vestido para la boda de turno.

Pero, ¿qué pasa con tus pensamientos, conductas y emociones que interfieren en tu pérdida de peso, en los cambios de hábitos? Pues nos los “pasamos por el forro”. Sólo nos preocupamos en pasar hambre, comprar todos los alimentos “ligth” habidos y por haber y, ¡cómo no! , las “pastillitas” milagrosas captagrasas que te permiten atiborrarte sin sentirte culpable.

LA SOLUCIÓN DEFINITIVA

El abordaje de la pérdida de peso pasa por un tratamiento multidisciplinar. El nutricionista es el profesional que te ayudará a desmitificar creencias erróneas acerca de la nutrición, de introducir cambios que te hagan prosperar, en definitiva, de elaborar un plan de alimentación que te permita conseguir tus resultados.

Y, ¿qué profesional puede ayudarte con tus pensamientos, emociones y conductas que entorpecen tu pérdida de peso? EL PSICÓLOGO.

La ayuda psicológica no sólo se extiende a las personas que quieren perder peso, sino a aquellas que presentan problemas que impiden esa pérdida de peso. Las personas con depresión, ansiedad, trastornos alimentarios o enfermedades crónicas tienen más difícil conseguir perder peso. El psicólogo recoge información acerca de lo que has hecho hasta ahora y que no ha funcionado, de tus hábitos adquiridos, de tu estado emocional, de tu percepción de imagen corporal, de los apoyos sociales con los que cuentas… En fin, toda una serie de factores que son claves para conseguir la pérdida de peso.

También es importante determinar qué creencias interfieren en tu pérdida de peso, por ejemplo, comer cuando estás estresado te alivia la ansiedad, comer sin límites los fines de semana y el lunes ponerse “a dieta”, permitirse comer más si se ha hecho ejercicio…

PAUTAS QUE NOS PUEDEN AYUDAR

La APA (Asociación Americana de Psicología) nos ofrece unas pautas que nos pueden ayudar a conseguir esa pérdida de peso que tanto ansiamos y mantenerla a largo plazo:

  • Registrar tus conductas: qué comes, qué pensamientos y emociones surgen, en qué contexto.
  • Registrar la actividad física: no sólo la cantidad de ejercicio, sino qué pensamientos, emociones y en qué contexto lo realizas.
  • Alimentación consciente: si comemos con atención plena seremos capaces de saber, por ejemplo, si estamos comiendo sin hambre.
  • Cómo comemos, dónde y con quién: por ejemplo, si comemos mientras estamos delante del ordenador, asociaremos estas dos situaciones.
  • Gestión emocional: no comemos porque estamos estresados o enfadados, comemos para llenar el vacío que nos produce no saber gestionar nuestra ira.
  • Identificar pensamientos disfuncionales y sustituirlos por otros que nos beneficien en la consecución de nuestro objetivo. Por ejemplo, pensar que “no somos capaces” de lograr un cambio de hábitos.
  • Aprender autocontrol: no dejarnos llevar por la comida como “si no hubiera un mañana”.

Estas son algunas de las pautas que te llevarán por el buen camino, no por el del sacrificio. Este camino solo lo puedes recorrer de la mano de un psicólogo en colaboración con un profesional de la nutrición.

Así es como trabajamos en COMERCONSENTIDO. Abordamos el cambio de estilo de vida desde una perspectiva multidisciplinar: nutrición, psicología y ejercicio físico.

Ahora que ya conoces cómo poner fin al sufrimiento de las dietas ¿¿¿QUÉ VAS A HACER???

Julia Bonmatí Cartagena (Psicóloga y Coach)

Laura Valero Bonmatí (Farmacéutica y Experta Universitaria en Nutrición y Dietética)

 

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