¿Cuándo el deporte deja de ser sano y se convierte en una enfermedad?

En los últimos años, la mayoría de la sociedad busca un “cuerpo perfecto”. Esta corriente, está llevando a casi el 90% de deportistas, incluso amateurs, a consumir suplementos nutricionales y seguir dietas sin asesoramiento nutricional. Muchos son los que compran este tipo de sustancias porque las considerar “naturales”, pero no por ello están exentas de peligro.

En el mundo del deporte, hay muchos dogmas relacionados con la alimentación que, a día de hoy carecen de evidencia científica. Por ejemplo, una dieta prolongada en el tiempo con una elevada carga proteica (como la dieta Dukan o dietas hiperprotéicas), puede ocasionar daños a nivel de la mucosa gástrica y del colon.

En el mercado existen una gran cantidad de suplementos para perder grasa, y la gran mayoría de ellos, se venden sin ningún tipo de control. Uno de los más conocidos es la colina o L-carnitina, donde una sola dosis contiene el equivalente a 1,5 kilos de carne de vaca. Esta elevada carga proteica genera en nuestro cuerpo una gran acumulación de toxinas que pueden ocasionar o potenciar enfermedades cardiovasculares y la progresión de enfermedades renales.

Algo similar ocurre con el exceso en el consumo de vitaminas y minerales (niacina, vitamina A, selenio y zinc) durante largos periodos de tiempo. En estos casos, la toxicidad se manifiesta con náuseas, vómitos, diarrea y úlcera péptica.

Son muchos los deportistas que empiezan con suplementos y acaban consumiendo fármacos para aumentar el rendimiento.

¿Qué sustancias son las más empleadas por los deportistas?

Una de ellas son los esteroides anabolizantes, cuyo consumo ocasiona fallo hepático, aumento de la bilirrubina, y en los casos más graves, glomeruloesclerosis focal y segmentaria. El riesgo de mortalidad entre los deportistas que consumen estas sustancias es 4,6 veces mayor.

Otra sustancia que también ocasiona daño renal es la creatina, ya que genera un aumento en los niveles de creatinina.

                                

Actualmente, un 10% de los usuarios de un gimnasio emplean estas sustancias para aumentar el rendimiento físico, ya que están convencidos de los beneficios que tienen en el deporte. Lo que muchas veces desconocen son todos los riesgos que conllevan si son consumidas sin la supervisión de un profesional sanitario.

Reflexión

Todo esto nos lleva a hacernos una pregunta, ¿por qué nos empeñamos en empeorar nuestra salud con el consumo de estas sustancias, si lo que queremos con el deporte es sentirnos mejor?

Laura Valero Bonmatí

Graduada en Farmacia y Experta Universitaria en Nutrición y Dietética   

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